jueves, 30 de abril de 2009

La marea


Son figuras de sal
plantadas en la orilla,
en la orilla de un mar,
mar violento y de alegrías,
el mar del tiempo,
del tiempo de sus vidas.

Y esperan a la marea,
la esperan sentados,
sin remedio en el suelo clavados,
inevitable la ven llegar,
amenazante y destructora,
erosionando imparable,
la marea despiadada,
que sube, desgasta y asola.

Y el mar disuelve los cuerpos
y se disuelven en el tiempo,
se disuelven en el agua,
pero jamás conseguirá la marea
que se disuelva lo que sintieron sus almas.