jueves, 23 de octubre de 2014

Mi rincón favorito de Jerez


Este es mi rincón favorito. Mi ciudad puede que no sea una gran urbe; puede que no sea la cúspide y el estandarte del crecimiento económico; puede no ser muchas cosas, pero sí es una ciudad con encanto. Este es uno de esos sitios especiales, un sitio en el que te puedes sentar y quedar atónito con lo que ves, sobre todo si está atardeciendo.


Si alguien quiere tener esta foto en tamaño original y sin la URL del blog y no sabe como contactar conmigo, que lo comente en la entrada y le pasaré un link para descargarla.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Tarde de invierno

Arropados entre unas sabanas arrugadas y algo alborotadas, descansábamos con los ojos clavados el uno en el otro. Habíamos transcurrido ya un rato así, en aquel limbo. De pronto abrió sus labios y me dijo:

- ¿No hace rato que deberías haberte marchado?

Me quedé pensando, entristecido por la idea de romper aquel momento. El dedo índice de su mano derecha se deslizó lentamente entre las sábanas hasta acabar sobre la esfera del reloj que estaba en mi muñeca izquierda.

- ¿Ves que hora es ya? Se te va a hacer muy tarde.

Me comentó medio en broma con una sonrisa mitad inocente y mitad traviesa.

- ¿Sabes? -Le dije-. Estoy muy cansado de ser esclavo del reloj. ¡Se acabó!

Dicho esto me quite el reloj y lo arrojé al suelo de la habitación, sin mirar, cayendo sobre mis pantalones revueltos. Sus ojos me miraron con un ápice de incredulidad y asombro.

- No quiero saber hoy nada más de horas ni relojes. No me quiero mover de aquí.

- Vaya... No es nada propio de ti. Eso que acabas de hacer es muy irresponsable.

Sonreí y quedé conmovido por la expresión de ilusión y perplejidad de su cara. Una breve carcajada se me escapó y, tras hacer resonar un beso en la habitación, le respondí:

- Sí, tienes razón, pero creo que, dentro de todas las irresponsabilidades que puedo cometer, esta será la irresponsabilidad más bonita que habré cometido nunca.

domingo, 27 de julio de 2014

El camino


Cuando me asomé a la ventana, descubrí lo que durante tanto tiempo estuve sospechando: ya no estaba. Nunca volvería.

Las últimas gotas de la lluvia de la noche anterior se escurrían y deslizaban por la persiana hasta caer, casi a cámara lenta, sobre el alféizar. Era hipnótico. No sé cuánto tiempo perdí contemplando aquello, aun siendo consciente de que había cosas más importantes que me atañían.

Me senté a los pies de la cama y quedé absorto, pensando en cómo no me había podido dar cuenta antes. Era culpa mía evidentemente. Tapé mi cara con las manos y aguanté la respiración. El olor a tabaco barato en ellas era repelente. No volvería a fumar aquella mierda. “O fumas bien o no fumes, para fumar porquería siempre quedará tiempo”, pensé.

Bajé las manos dejando al descubiertos los ojos y torné la cabeza hacia el escritorio. Allí seguía la nota. Mirándome ciega, pero no muda:

«A veces en la vida encontramos multitud de caminos. Habrá senderos llanos y bien pavimentados y habrá vías angostas y escarpadas. Pero porque un camino sea duro no tiene que significar que sea el camino incorrecto y que una vía sea fácil no quiere decir que sea la mejor de las opciones. Lo importante es lo que encontramos detrás del camino, al llegar a su final, y no todos los caminos llevan al mejor lugar o al lugar que deseamos. Si la gente tuviese claro esto y se centrase más en el objetivo y no en el medio, estoy segura de que no se pensarían tanto cruzar la mismísima laguna Estigia a nado si con ello pudiesen alcanzar lo que siempre han buscado. ¿No lo crees? No deja de ser gracioso como a veces desechamos nuestras metas por vagancia o cobardía, simplemente porque el camino es duro y nos olvidamos totalmente de la consecución de la meta. No obstante nos autocontentamos con pequeñas victorias de las que somos conscientes de que no son más que un placebo. Una vez un gran hombre dijo: “[…] la poca prudencia de los hombres impulsa a comenzar una cosa y, por las ventajas inmediatas que ella procura, no se percata del veneno que está debajo de ella escondido.” No es mala, ¿eh? Ten cuidado con el veneno oculto en lo fácil. ¿Has encontrado ya tu camino?»

Me puse la primera cazadora que encontré en el armario, bajé las escaleras corriendo, le puse en el comedero al perro un muslo de pollo de la noche de ayer y cerré la puerta tras de mí. Me metí en el coche y su esencia aun estaba allí.

Arranqué y me puse en camino.

martes, 26 de marzo de 2013

III. De los principados mixtos.


 [...] Todo esto nos ha de hacer tener en cuenta que a los hombres se les ha de mimar o aplastar, pues se vengan de las ofensas ligeras, ya que de las graves no pueden: la afrenta que se hace a un hombre debe ser, por tanto, tal que no haya ocasión de temer su venganza.

De todo ello se extrae una regla general que nunca, o a lo sumo raramente, falla: quien propicia el poder de otro, labra su propia ruina, puesto que dicho poder lo construye o con la astucia o con la fuerza y tanto la una como la otra resultan sospechosas al que ha llegado a ser poderoso.

El príncipe
Nicolás Maquiavelo

domingo, 17 de marzo de 2013

Florece tu sonrisa

Un símbolo en tu rostro florece
cuando en tus labios asoma una sonrisa,
que risueña, hace soñar donde pisa,
y si cesa mi sonrisa perece.

martes, 12 de marzo de 2013

El tulipán


Aun recuerdo las magníficas historias de mi tío cuando se sentaba al atardecer en el porche de su casa. Sí, suena a tópico, pero es como ocurría. Hoy recuerdo una en especial… De aquella tarde, a parte de la historia, solo recuerdo que estaba mirando la acera de en frente de casa y él se sentó al lado mía. Justo entonces pasó por delante nuestra Carolina. Tuvo que ser muy sonado y emotivo mi suspiro, ya que mi tío me contó una historia que hasta bastantes años después no comprendí.

-¿Sabes, Juan? –Me dijo sonriente-. No me había dado cuenta. Te has hecho ya un hombrecito. Es realmente increíble… Creo, creo que te voy a contar una historia. Quizás no la entiendas hoy, pero estoy seguro de que algún día te ayudará.

Yo me quedé atónito, como en fuera de juego, sin saber muy bien qué ocurría. Tras apurar lo que le quedaba de café en la taza que sostenía mi tío, me empezó a contar.

Resulta que había una vez un modesto hombre, que vivía una vida normal, con altibajos, como todo el mundo, y que vivía en una casa normal, ni muy grande ni muy chica. Su perro, al igual que su gato, tampoco es que fueran muy lumbreras. Tampoco tenía el mejor de los trabajos, telegrafista. Era lo que yo denomino, una persona gris, una persona con una vida apática. No sé…  ¿Cómo te lo podría explicar? ¡Sí! A ver, el señor Hartzenbusch era una persona que no tuvo nunca suficientes motivos para llorar, pero tampoco para reír o ser feliz. Su radiografía emocional era transparente.

Un día el señor Hartzenbusch caminaba por la calle distraído, ignorante de lo que estaba a punto de acontecerle. Siempre caminaba mirando al suelo. Justo estando andando así se percató de algo. En el suelo, tirado, había un bulbo de una planta. A alguien se le debió caer, pero ya no era de esa persona que lo perdió. Ahora era del señor Hartzenbusch. Intrigado por saber qué tipo de planta sería lo llevo a su casa y lo sembró en un gris tiesto que tenía, en el que hasta aquel momento solo había sembrado perejil.

El señor Hartzenbusch esperó. Todas las mañanas regaba la maceta impaciente. Estaba preocupado por la salud de su bulbo. ¿Sería suficiente agua? ¿Sería demasiada agua? Si bajasen demasiado las temperaturas de noche, ¿se podría quemar del frío? A veces se quedaba absorto mirando la tierra bajo la que se encontraba la futura planta, hasta que un día un brote verde surgió de la tierra. En la cara de nuestro protagonista se plasmó una sonrisa enorme. “¡Al fin!” pensó. Su vida dejó de ser gris y se tiñó de verde. Deseaba regresar del trabajo y ver cuantos milímetros había crecido su planta ese día. El aseguraba que podía distinguir cuanto había crecido de un día para otro. Con sumo cuidado la acariciaba, la regaba, la fertilizaba y la vigilaba.

Un día, al volver del trabajo, vio asomar un pequeño capullito. Por día que pasaba este se hizo más grande. ¿Y sabes qué? Era un precioso tulipán. Un maravilloso tulipán naranja oscuro de bordes amarillos. Estaba asombrado con su creación. Su esfuerzo, su dedicación, su entrega y su devoción habían engendrado una maravillosa obra de arte que ahora era suya y teñía su vida de forma policromática.

Un día se despertó y como todas las mañanas fue a ver a su tulipán. Para su sorpresa, un par de abejas revoloteaban a su alrededor. Esto le enfureció. ¡¿Qué hacen estas abejas mancillando mi tulipán?! Entonces decidió cubrirlo con una especie malla verde, de forma que ningún insectucho pudiese llegar hasta a su amado tulipán.

Pero claro, resulta que el tiesto en el que lo había plantado estaba en el poyete de su ventana, que daba directamente a la calle. La gente al pasar y ver al tulipán se quedaba mirando la belleza de la flor. Y es que era una flor realmente increíble. Los niños se lo señalaban a sus madres con el dedo moviendo la malla que protegía la flor. Al señor Hartzenbusch toda esta admiración y manuseo no le gustaron en absoluto. ¿Y si alguien quedaba encandilado por su flor y decidía llevársela?

Decidió trasplantar su tulipán a una pequeña maceta que puso en el interior de su salón, en un lugar donde quedase lejos de la codicia ajena. Ahora era totalmente suya, ahora no corría peligro, ahora solo él era su único admirador, dueño y poseedor. Pero entonces se percató de una cosa… Alguien más podía admirarla. Alguien más era capaz de colarse hasta su salón, traspasar la malla protectora  y acariciar su tulipán. El sol. Realmente ya se había vuelto rematadamente loco. Se enfureció. Cerró las ventanas, corrió las cortinas y quedó satisfecho con su victoria.

No pasó mucho tiempo hasta que el tulipán murió. El señor Hartzenbusch se volvió a encontrar con nada, que es lo que siempre había tenido, y su vida volvió a ser gris.

Mi tío suspiro y se quedó en silencio.

-No lo entiendo, tío. ¿Qué quiere decir tu historia?

-Que las plantas necesitan sol para vivir.

-¿Solo eso? Quiero decir, ¿no significa nada más?

Entonces recuerdo que se quedó pensando, me miró y me dijo:

-Vigila siempre tu carácter y tu forma de amar a tu alrededor. No destroces con mano egoísta, torpe e inconsciente lo que la fortuna te brindó, el tiempo y el trabajo te entregaron y de lo que tu corazón se enamoró. 


domingo, 3 de junio de 2012

Vetusta Morla no olvida Lorca

Ha transcurrido ya más de un año, desde aquella trágica tarde del 11 de mayo, en la que el suelo tembló en Lorca. A día de hoy, hay aun muchísimo trabajo por hacer. Solares vacíos, en los que antes habían viviendas, pueblan la localidad murciana.  

Como todos deberíamos hacer, Vetusta Morla ha querido aportar su granito de arena con dos conciertos. Dos conciertos cuya recaudación será destinada al Conservatorio Narciso Yepes de Lorca. Estos dos conciertos no han sido un evento normal. La banda madrileña se ha visto muy bien acompañada por la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Ambos, juntos, han ofrecido en el Auditorio Victor Villegas de Murcia un espectáculo totalmente único en el que se podía respirar, no solo música, sino una instrumentación, una delicadeza y una magia, que a su misma vez desprendía esperanza, últimamente un poco escasa (no solo en Murcia sino en toda España). El resultado fue una evento increíble que arrancaba así:



Mis dos favoritas:






Y hubo otras:








Me ha encantado también la canción de "Boca en la tierra", pero para mi desgracia no la he encontrado en una calidad aceptable.

Especial agradecimiento a todos aquellos que habéis subido vídeos como estos a Youtube.

Fuerza a todos los habitantes de Lorca. No os olvidamos.

lunes, 28 de mayo de 2012

Sin luz en la biblioteca de Coloma


"BIBLIOTECA SIN
SUMINISTRO ELÉCTRICO,
SOLO ABRIMOS DE
10:00 A 13:00"

Estamos en época de exámenes y uno se puede encontrar este amable cartel informativo en la puerta de la biblioteca de Coloma, en Jerez de la Frontera. Este folio improvisado en el que se nos cuenta el dilema por el cual no abren lleva colocado desde invierno.

Planteo una serie de preguntas: ¿Tanto cuesta la factura de una biblioteca de menos de 200 metros cuadrados como es este caso? ¿No hay la misma cantidad de luz solar (ahora en verano) de 10 a 13 que de 17 a 20?



martes, 20 de marzo de 2012

El jilguero

Había una vez un joven, fiel amante de la naturaleza y sus encantos. Un día, saliendo de su casa, notó como de en un vecino árbol a su puerta salía un canto maravilloso. Un jilguero, con un canto como nunca había escuchado antes, prodigaba su habilidad musical por todo el entorno. El joven quedó fascinado y se sentó a oírlo.  Minutos más tarde, el jilguero, asustado por la presencia de un perro bastante ruidoso se marchó y el joven quedó vacío. Pensó:

-Ojala pudiera tenerlo siempre conmigo. Si fuese así, podría deleitarme con el cada momento del día.

Lo cierto es que el jilguero quedó igualmente fascinado con el joven. Jamás había visto a nadie atenderle con semejante entusiasmo y con una mirada tan ilusionada y perpleja. Aquella mirada mostraba tal admiración que decidió a el mismo árbol todos los días, a la misma hora que salió el joven.

Y así fue. Hasta tal punto que se acostumbraron el uno al otro. Pero siempre ocurría algo que hacía espantar al pobre animal. El claxon de un coche, alguna motocicleta que pasase cerca, el mismo perro u otro… Cuando esto ocurría, tanto el joven como el pequeño ave, quedaban vacíos. No obstante la brevedad de estos encuentros hacía que las ganas del siguiente fuesen mayores.

Un día, el joven, cansado de no poder oírlo siempre que quisiera hizo un pacto con el ave. Aunque le enjaularía, le protegería, le alimentaría, le daría calor en invierno y sombra en verano, y, sobre todo, escucharía siempre encantado su hermoso canto. El jilguero aceptó de buen grado el trato, ya que sentía afecto por el joven y por su admiración hacia su canto.

Todo transcurrió de esa forma. El joven se sentaba durante las mañanas y las tardes de verano a escucharlo cantar y el jilguero, orgulloso, cantaba para su público. Posteriormente terminó el verano y el joven tuvo que incorporarse a las clases, por lo que ya solo podía escucharle cantar de tarde.

Según fue avanzando el tiempo, el joven se comenzó a dedicar aun más a los estudios y el tiempo que tenía libre lo dedicaba a ver la televisión, alguna película, jugar a algún videojuego o salir a la calle. El canto por el que antes tanta admiración tenía se fue consumiendo y eclipsando. ¿Quién sabe los motivos? La cuestión es que nuestro pequeño protagonista seguía cantando igualmente tanto de mañana como de tarde, con público o no, pues era su naturaleza. Cuando notaba cercana la presencia del joven insistía aun más en intentar dar una forma realmente maravillosa a la musicalidad de sus trinos, con el fin de intentar volver a robarle la atención que un día le prestó.

El invierno se acercó y el joven, tal como le prometió, le dio cobijo dentro de su casa, pero seguía olvidándose del motivo principal que hizo que el pequeño jilguero aceptase el trato: la especial entrega y trato hacia su canto.

Un día el jilguero decidió cantar como nunca había cantado antes, dejarse enteramente en la labor que tan especial le hacía. Pero como siempre, no hubo especial atención. Después de aquel día, el pequeño ave no volvió a cantar más y se percató de que el joven ni siquiera se había dado cuenta.  Fue así como una fría noche el ave dejó escapar una lágrima, cerró los ojos y murió de frío, de frío del alma.

jueves, 8 de marzo de 2012

Breves confesiones y una declaración

Vida mía,
mi ángel,
el aliento más dulce
que jamás reposó en mi boca.
Tú,
habitas en mi alma,
la abrazas y la abrasas
con tus caricias y tus “te quiero”.
Tú,
me haces estremecer
con cada mirada, con cada beso.
me haces enmudecer,
mi corazón se acelera,
con cada roce de tu piel.
Tú,
a quien mi vida está anclada;
tú,
a quien rendí y ofrecí mi alma;
tú,
a quien me entrego enteramente;
Tú y yo,
aventurémonos a ser eternamente:
los labios de una misma sonrisa,
las lágrimas de un mismo mar,
seamos: yo para ti, y tú para mí,
en eso residiría mi completa felicidad,
solo en eso, no quiero más.



Y cada día te quiero un poco más, y cada día te llevo más dentro de mí... Rezo porque siempre sea así.

domingo, 26 de febrero de 2012

Recuerdos de bachiller

Ayer por la noche, estuve compartiendo un agradable rato en un bar con mi buen amigo Rafa y su novia, Laura. Siempre es genial poder hablar con ellos, ya que siempre aprendes algo interesante. La cuestión es que estaba recordando con Rafa algunas de nuestras batallitas durante bachiller, y recordamos a nuestra profesora de filosofía, Concha. Con ella vinieron ciertos recuerdos, y de una cosa en otra, acabamos intentando recordar una pregunta que siempre caía en sus exámenes todos los años. Estuvimos intentando hacer memoria para recordar el texto completo, pero si no hubiese sido por la ayuda de el iPhone de Laura, aun seguiríamos intentando recordar. Este texto pertenece al argumento ontológico de San Anselmo... Aun recuerdo lo que tuve que pasar para memorizarlo y para comprenderlo. En fin, aquí os dejo un legado de mi bachiller.

*     *     *

[...]El insensato debe convencerse, pues, de que existe, al menos en el entendimiento, algo mayor que lo cual nada puede pensarse, porque cuando oye esto, lo entiende, y lo que se entiende existe en el entendimiento. Y, en verdad, aquello mayor que lo que nada puede pensarse, no puede existir sólo en el entendimiento. Pues si sólo existe en el entendimiento puede pensarse algo que exista también en la realidad, lo cual es mayor. Por consiguiente, si aquello mayor que lo cual nada puede pensarse, existe sólo en el entendimiento, aquello mayor que lo cual nada puede pensarse es lo mismo que aquello mayor que lo cual puede pensarse algo. Pero esto ciertamente no puede ser. Existe, por tanto, fuera de toda duda, algo mayor que lo cual nada puede pensarse, tanto en el entendimiento como en la realidad.

*     *     *

¿Qué quiere decir todo esto? Este texto, en resumidas cuentas, viene a demostrar la existencia de Dios. 

Bueno, ahí os lo dejo para que lo interioricéis... Aunque antes necesitaréis entenderlo. JAJAJA Te idolatramos, Concha.

miércoles, 22 de febrero de 2012

He vuelto

Antes que nada, quisiera pedir a todos los que seguís mi blog por el largo periodo de ausencia (desde agosto sin aparecer por aquí).

El motivo es lógico. Me he visto saturado por los estudios y decidí dedicarme enteramente a ellos, dejando a un lado temporalmente otras cosas. Pido perdón a todos los que pensabais que había perecido en acto de servicio en la guerra de Vietnam. También me alegra comunicaros que mi ausencia ha cumplido con su cometido y me ha ido muy bien en esta convocatoria de exámenes pasada. Ya estoy un poco más cerca de cumplir mi sueño académico.

Bueno, espero ir pronto dejando por aquí más cositas de las mías. Un abrazo a todos.

lunes, 29 de agosto de 2011

El gato


Absorto, perdido en la lectura de uno de esos libros que los entendidos recomiendan, mataba cada segundo de aquella noche de insomnio.

En torno a las luces fluorescentes del metálico porche que me cubría del relente orbitaban infinidad de insectos de mil formas, tamaños y colores distintos. En los giros y piruetas de sus torpes aleteos, producían un incesante golpetear contra el techo y las propias luces. En el suelo, alguna que otra hormiga, patrullaba incansable a la espera de que algún insecto volador (más torpe de la cuenta) cayese de un fuerte golpe o achicharrado por desventura del destino o infortunio de la vida. A lo lejos, la más que típica orquesta veraniega de grillos hacía acto de presencia con su repertorio musical. Algo más lejos se podía escuchar el tímido coqueteo de una rana.

Poco más podría decir de lo que a simple vista me rodeaba aquella noche. Buceaba inmerso en mares de letras, imaginaba los escenarios narrados, me ponía en el lugar del personaje, intentaba comprender el sentido de sus palabras, intentaba ver con los ojos de su creador, de su autor… De pronto un movimiento de un bulto negro, divisado por el rabillo de mi ojo derecho, me alertó de la presencia de una compañía algo más grande que mi amiga la hormiga de patrulla o sus candidatos a tentempié nocturno.

Cuando giré la cabeza para observar aquella mancha, se detuvo al instante para mirarme recíprocamente también a mí. Un gato negro con manchas marrones oscuras, bastante delgado y pequeño, me observaba impertérrito, medio achancado, aparentemente con miedo, pero impasible. Sus oscuros y brillantes ojos me sostenían la mirada. Su mirada se posaba en mi rostro fijamente. Ninguno de los dos gesticulaba, ninguno se movía, solo nos mirábamos, nos analizábamos, nos retábamos. Era eso, un reto. Seguro que él también lo veía como un reto. ¿Quién retiraría antes la mirada? ¿Alguno de los dos huiría? No sabía cuanto tiempo llevábamos ya así, ninguno de los dos rehuía al contrario. Por un momento llegué a pensar que quizá permaneceríamos así toda la vida, que nuestras miradas quedarían en un reto eterno a lo largo del tiempo, que nunca ninguno reaccionaría. De pronto volví en mí: “¿A qué juegas?” Pensé. Es un simple gato, dando un simple paseo nocturno, posiblemente un gato abandonado que malvive como puede,  y tu mirada y tú, os habéis cruzado con él. No es un reto, es miedo. Es eso, miedo. Lo que lo mantenía helado en el sitio era miedo, miedo a mi. ¿Pero por qué? Porque no me conoce supongo, o porque desde que nació nadie le hablo de las personas. Por eso me teme, porque nunca le han hablado de mi. Posiblemente cuando se vaya nunca más vuelvas a verlo, porque se irá y  no habrá ni mirada eterna, ni mucho menos reto (porque nunca lo hubo), ni tampoco miedo.

Me decidí a levantarme de mi poco robusta silla y miré como el pequeño felino retrocedió un paso atrás. Nos separaba tan solo una distancia de un par de metros. Cuando di un paso el gato retrocedió, hasta volver a la oscuridad nocturna, desde la que hace unos minutos llegó. Aun no se había ido, sabía que estaba allí. Justo en el límite donde la luz artificial y la masa oscura de la noche desconocida pugnan por hacerse con la frontera, podía diferenciar aquellas dos pequeñas esferas brillantes observándome con detenimiento. Segundos después desaparecieron.


domingo, 24 de julio de 2011

Tu esencia

Tu colonia puede ser
estandarte de cualquiera,
pero tu esencia
es solo mía...
Vestirme con ella quisiera.

martes, 19 de julio de 2011

Fragmento 3

     Levantó las manos como si estuviera dirigiendo, y una luna, o un astro pálido por el estilo, salió en alguna parte; por encima de la barandilla extendí la vista sobre inmensos abismos espaciales, nubes y nieblas cruzaron por ellos, levemente se divisaban los montes y las playas; debajo de nosotros se extendía inmensa una llanura semejante al desierto. En esta llanura vimos a un anciano de aspecto venerables con larga barba, el cual, con cara de melancolía, iba conduciendo una enorme procesión de varias decenas de millares de hombres vestidos de negro. Parecía preocupado y sin esperanza, Mozart dijo:

-Vea usted: ese es Brahms. Va en pos de la salvación, pero aún le queda un buen rato. Supe que los millares de enlutados eran todos los artistas de las voces y notas puestas de más en sus partituras, según el juicio divino.

-Excesiva instrumentación, desmesurado material desperdiciado -asintió Mozart.

     E inmediatamente vimos caminar a la cabeza de otro ejército tan grande a Wagner, y sentimos cómo los millares de taciturnos acompañantes lo  abrumaban; cansino y con resignado andar, lo vimos arrastrarse a él también.

-En mi juventud -observé con tristeza- pasaban estos dos músicos por lo más antitético imaginable.

     Mozart se puso a reír.

-Sí, eso ocurre siempre. Vistos desde alguna distancia, suelen ir pareciéndose cada vez más estos contrastes. Por otra parte, la excesiva instrumentación no fue defecto personal de Wagner y de Brahms, fue defecto de su tiempo.

-¿Cómo? ¿Y por él deben de hacer una penitencia tan grande? -Exclamé en tono de imputación.

-Claro que sí. Son los trámites. Solo cuando hayan lavado la culpa de su tiempo, se demostrará si queda algo personal todavía que valga la pena hacer balance.

-¡Pero ninguno de los dos tiene la culpa!

-Claro que no. Tampoco tiene usted la culpa de que Adán devorara la manzana, y, sin embargo, ha de purgarlo también.

-Pero eso es terrible.

-Ciertamente; la vida es siempre terrible. Nosotros no tenemos la culpa y somos responsables, sin embargo. Se nace y ya es uno culpable. Usted tiene que haber recibido una mediana enseñanza de Religión, si no sabe esto.


Der Steppenwolf

Hermann Hesse

sábado, 9 de julio de 2011

Batallas

En mi regreso me gustaría hacer una reflexión. Me gustaría hablar sobre las batallas de la vida.

En la vida podemos encontrar dos tipos de batallas: las pequeñas y las grandes. 

Las pequeñas son tan cotidianas como diversas, aparecen todos los días o al menos a menudo. Nuestra vida estará infinitamente plagada de ellas. Con constancia, ayuda y apoyo podremos salir de ellas. Necesitamos ser pacientes y saber trabajar con esfuerzo y perseverancia para solucionarlas. Una batalla pequeña no exige un gran esfuerzo, pero la continuación y sucesión de pequeñas batallas conlleva el requerimiento de una fuerte constancia. No obstante el desgaste que nos puede causar puede ser un gran problema, ya que nos puede convertir la batalla en todo un mundo. El cansancio es una de las grandes lacras en estos casos.

Las grandes batallas, son ellas que normalmente surgen en intervalos mayores de tiempo. El hecho de que salga mal puede traer consecuencias devastadoras y si sale bien la consideraremos todo un triunfo de los importantes. Son batallas donde es necesario tener mucha cabeza y saber afrontar las cosas como Dios manda. A veces se nos hacen eternas y otras muy dramáticas, otras veces ambas.  Su resolución es de vital importancia para nuestra estabilidad y tranquilidad mental. 

En ambas requerimos de un apoyo externo: familia, pareja, amigos, compañeros... Quizá para las que mas plazas se ofertan es para la de grandes batallas. Los grandes amigos, los amigos, la familia y tu pareja, todos, se ofertan a estar ahí cuando realmente lo estés pasando putas. Y agradecerás su apoyo. Es cierto que tiene mérito que te apoyen de higo a breva en problemas duros, pero... ¿No sería más útil que te apoyasen en los problemas constantes y nimios que pueden dinamitar nuestra paciencia y nuestra estabilidad de forma muy radical a la larga? Esta es una labor que evidentemente no se le puede encargar a amigos, de esto se tiene que hacer cargo la familia y tu pareja. De ellos no esperas menos que el hecho de que estén siempre ahí, su labor es apoyarte siempre y hacerlo lo mejor posible. Hay que saber estar diariamente ahí, apoyando. Si no es así, si no ayudamos en el día a día, si solo ayudamos en circunstancias puntuales, ¿qué merito tiene sacrificarte por una persona un breve tiempo en un periodo bastante largo? El verdadero merito reside en el apoyo constante.

A fin de cuentas, esto viene a que desde hace dos meses yo vengo lidiando con una infinidad de batallas pequeñas. Gracias a Dios, o a la gente que me rodea, no he estado solo. Han sido días difíciles, días de preparar exámenes, de estudiar hasta las tantas, días en los que uno pierde la fe, las ganas, la constancia... Pero por suerte todos los días tenía a gente que me apoyaba de cerca. Desde aquí quiero agradecer de corazón, de todo corazón, el apoyo dado a esas personas que siempre confiaron en mi y que nunca me dejaron tirar la toalla: Elias, Domi, Rafa, Roberto, Diego, mi hermana... Son personas a las que le agradezco todo el apoyo que me han dado en estos días, en estas continuas pequeñas batallas que han sido los exámenes. Mención a parte merecen también Diego y Roberto, que además de apoyarme en el campo académico, se han tenido que tragar muchas ralladas mentales mías y problemas sentimentales, y más que se van a tener que seguir tragando. En estas próximas semanas necesitare de su ayuda aunque ellos no lo sepan, porque voy a tener una batalla de las importantes. Espero contar con ellos. 

Bueno, me he puesto un poco emotivo, pero en fin. No podía irme sin dar las gracias a mis amigos y mis principales apoyos. Así que nada, gracias a todos, sois muy grandes y feliz verano a todos.

miércoles, 6 de julio de 2011

Regreso

Ante todo, quiero pedir perdón a todos los lectores y seguidores de mi blog. No obstante, el periodo de inactividad ha sido causado por una causa bien justa, los exámenes de junio.

Ha valido la pena... El año que viene estaré en el último curso de mi carrera.

Ya he vuelto y espero traeros entradas que os gusten.

Un saludo a todos.

viernes, 25 de marzo de 2011

Fragmento 2

Nos encontramos por la tarde siguiente en un café. Armanda estaba allí sentada ya cuando llegué; tomaba té y me enseñó un periódico en el que había descubierto mi nombre. Era uno de los libelos reaccionarios de mi tierra, en los que de cuando en cuando iban dando la vuelta artículos difamatorios contra mí. Yo fui durante la guerra enemigo de ésta, y después, cuando se presentó la ocasión, prediqué tranquilidad, paciencia, humanidad y autocrítica y combatí la instigación nacionalista que cada día se iba haciendo más aguda, más necia y más descarada. [...] Armanda había leído el artículo y había sabido por él que Harry Haller era un ser nocivo y un socio sin patria, y que naturalmente a la patria no le podía ir sino muy mal en tanto fueran tolerados estos hombres y estas teorías, y se educara a la juventud en ideas sentimentales de humanidad, en lugar de despertar el afán de venganza guerrera contra el enemigo histórico.

-¿Eres tú éste? -preguntó Armanda señalando mi nombre-. Pues te has proporcionado serios adversarios Harry. ¿Te molesta esto?

-No -dije-; no me molesta; estoy habituado a ello desde hace muchísimo tiempo. Un par de veces he expresado la opinión de que todo pueblo y hasta hombre aislado, en vez de soñar con mentidas "responsabilidades" políticas, debería reflexionar dentro de sí, hasta qué punto él mismo (por errores, negligencias y malos hábitos) tiene también parte en la guerra y en todos los demás males del mundo; éste acaso sea el única camino de evitar la próxima guerra.  Esto no me lo perdonan, pues es natural que ellos mismos se crean perfectamente inocentes: el káiser, los generales, los grandes industriales, los políticos, los periódicos, nadie tiene que echarse en cara lo más mínimo, nadie tiene ninguna clase de culpa. Se diría que todo estaba magníficamente en el mundo..., sólo yacen dentro de la tierra una docena de millones de hombres asesinados. Y mira, Armanda, aun cuando estos artículos difamatorios ya no puedan molestarme, alguna vez no dejan de entristecerme. Dos tercios de mis compatriotas leen estos periódicos, leen todas las mañanas y todas las noches estos ecos, son trabajados, exhortados, excitados, los van haciendo descontentos y malvados, y el objetivo y fin de todo es la guerra otra vez, la guerra próxima que se acerca, que será aún más horrorosa que lo ha sido la última. Todo esto es claro y sencillo; todo hombre podría comprenderlo y llegar a la misma conclusión con una sola hora de meditación. Pero ninguno quiere eso, ninguno quiere evitar la próxima guerra, ninguno quiere ahorrarse a sí mismo y a sus hijos la próxima matanza de millones de seres, si no puede tenerlo más barato. Meditar una hora, entrar un rato dentro de sí e inquirir hasta qué punto tiene uno parte y es corresponsable en el desorden y en la maldad del mundo; mira, eso no lo quiere nadie. Y así seguirá todo, y la próxima guerra se prepara con  ardor día tras día por muchos miles de hombres. Esto, desde que lo sé, me ha paralizado y me ha llevado a la desesperación, ya que no hay para mí "patria" ni ideales, todo eso no es más que escenario para los señores que preparan la próxima carnicería. No sirve para nada pensar, ni decir, ni escribir nada humano, no tiene sentido dar vueltas a buenas ideas dentro de la cabeza; para dos o tres hombres que hacen esto, hay día a día miles de periódicos, revistas, discursos, sesiones públicas y secretas, que aspiran a lo contrario y lo logran.

Armanda había escuchado atentamente.

-Sí -dijo al fin-, tienes razón. Es evidente que volverá a haber una guerra, no hace falta leer periódicos para saberlo. Por ello es natural que esté uno triste; pero esto no tiene valor alguno. Es exactamente lo mismo que si estuviéramos tristes porque, a pesar  lo que hagamos en contra, un día indefectiblemente hayamos de tener que morir. La lucha contra la muerte, querido Harry, es siempre una cosa hermosa, noble, digna y sublime; por lo tanto, también la lucha contra la guerra. Pero no deja de ser en todo caso una quijotada sin esperanza.

Der Steppenwolf
Hermann Hesse

lunes, 28 de febrero de 2011

Pyramid Song



Este videoclip pertenece a la canción "Pyramid song"(1999), del grupo británico Radiohead.

He decidido dedicarle una entrada ya que la animación del video me pareció una historia muy curiosa. Cuenta la historia de una persona que ha resultado ser el único superviviente a una gran inundación ocurrida en su ciudad en un futuro poco preciso. En esta ciudad el único rastro aparente que queda de lo que un día hubo es la azotea de un rascacielos, similar a una isla desierta en medio de un océano infinito. Enfundándose un traje de buceo y una botella de oxígeno continuamente alimentada por una manguera que la une a la superficie, se sumerge en el agua donde se ocultan los restos de la que un día fue su ciudad. Vaga por ella hasta encontrar la que fue su casa. Cuando entra en ella llega hasta su sala de estar y sentado en su sillón corta su único vínculo que lo une e la superficie. Ahora ya nada le moverá de su casa...

La animación me ha gustado mucho, pero la canción siempre me llega muy dentro.