martes, 19 de julio de 2011

Fragmento 3

     Levantó las manos como si estuviera dirigiendo, y una luna, o un astro pálido por el estilo, salió en alguna parte; por encima de la barandilla extendí la vista sobre inmensos abismos espaciales, nubes y nieblas cruzaron por ellos, levemente se divisaban los montes y las playas; debajo de nosotros se extendía inmensa una llanura semejante al desierto. En esta llanura vimos a un anciano de aspecto venerables con larga barba, el cual, con cara de melancolía, iba conduciendo una enorme procesión de varias decenas de millares de hombres vestidos de negro. Parecía preocupado y sin esperanza, Mozart dijo:

-Vea usted: ese es Brahms. Va en pos de la salvación, pero aún le queda un buen rato. Supe que los millares de enlutados eran todos los artistas de las voces y notas puestas de más en sus partituras, según el juicio divino.

-Excesiva instrumentación, desmesurado material desperdiciado -asintió Mozart.

     E inmediatamente vimos caminar a la cabeza de otro ejército tan grande a Wagner, y sentimos cómo los millares de taciturnos acompañantes lo  abrumaban; cansino y con resignado andar, lo vimos arrastrarse a él también.

-En mi juventud -observé con tristeza- pasaban estos dos músicos por lo más antitético imaginable.

     Mozart se puso a reír.

-Sí, eso ocurre siempre. Vistos desde alguna distancia, suelen ir pareciéndose cada vez más estos contrastes. Por otra parte, la excesiva instrumentación no fue defecto personal de Wagner y de Brahms, fue defecto de su tiempo.

-¿Cómo? ¿Y por él deben de hacer una penitencia tan grande? -Exclamé en tono de imputación.

-Claro que sí. Son los trámites. Solo cuando hayan lavado la culpa de su tiempo, se demostrará si queda algo personal todavía que valga la pena hacer balance.

-¡Pero ninguno de los dos tiene la culpa!

-Claro que no. Tampoco tiene usted la culpa de que Adán devorara la manzana, y, sin embargo, ha de purgarlo también.

-Pero eso es terrible.

-Ciertamente; la vida es siempre terrible. Nosotros no tenemos la culpa y somos responsables, sin embargo. Se nace y ya es uno culpable. Usted tiene que haber recibido una mediana enseñanza de Religión, si no sabe esto.


Der Steppenwolf

Hermann Hesse